“Pez Pequeño”

Un peqeño cuento de  Alfredo Abrisqueta para el fín de semana.

pecera

Pez de pecera pequeña nunca en grande pensará. El horizonte que rotula el límite del campo de visión enlaza, a su vez, el escaso entendimiento de la realidad. Pez que nunca crece, pequeño queda en su reducida pecera.   Desde que nace le dicen y le dicen, lo que debe y no debe hacer.

Esclavo moderno sin huella se educa para trabajar y trabajar para vivir. Flota y flota dentro de su pequeña pecera e intenta, sin éxito, aprender a nadar. Tal y como viene al mundo, desnudo e idiota necesita de los demás. Tal y como viene al mundo no muy tarde y de la misma manera, desnudo e idiota, se marchará.

Los sueños se van mermando a la misma velocidad que su voluntad por entender las cosas. Pez de pecera pequeña, da tantas vueltas iguales que todo lo que le rodea, le fatiga. Observa detenidamente, por accidente, cómo otros peces más grandes que él viven en peceras que abarcan mundos mucho más grandes que el suyo.

Sin embargo, a pesar de la escasa lucidez, comprende por primera vez la injusta proporción de las cosas. Pez pequeño que queda asombrado de repente, deja de hacer giros rutinarios para detenerse y empieza a preguntarse porqué. Al cabo de un rato, poco a poco, una tras otra se presentan las dudas, aunque mucho más lento es el camino para ver las respuestas. Pez pequeño, aún inconsciente, no puede dar cuenta aún del aumento de su pecera.

Tanto las ideas como las impresiones fueron llenando su pequeño océano. De la idea de diferencia alcanzó la idea de la igualdad. De la igualdad a la justicia y de la justicia al bien, del bien a la felicidad, de la felicidad a la ética y de la ética a la política.   Aunque la idea de felicidad y la idea de justicia no conjugaban en su realidad, empezó a comprender que todo pez que nace es arrojado a una pecera diferente.

Unos heredan mundos gigantescos y otros, en cambio, viven en los pequeños. Y para mayor sorpresa, entendió porqué los peces que viven en peceras pequeñas nunca crecen y se rebeló contra sí mismo para rebelarse más tarde contra el sistema.   Van pasando los meses y tras éstos los años, y la vida de pez pequeño quedó sumergida en la soledad de sus descubrimientos. La ansiedad por ayudar a otros peces a comprender su realidad le llevó al fracaso como aquel esclavo liberado en el antiguo mito de la caverna. Y del fracaso a la desgracia y de la desgracia a la tristeza.

Tristeza que se transformó en madurez y de la madurez en sabiduría. Tras llegar a la vejez supo que el asombro es principio y causa de su despertar. Y que éste principio o causa no es escuchado por todos de la misma manera, aunque por razones muy diferentes.

Mientras que unos no quieren y no dejan entender, otros no pueden hacerlo. Mientras que los primeros llegan siempre al liderazgo, los segundos son esclavizados y hasta que las cosas no cambien de lugar, sin duda alguna, nada nuevo habrá en la historia del pez.

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