Distritos IV y V: Hacia la cohesión urbana y social

Publicado en el dominical del Melilla Hoy del pasado 25 de noviembre

Se considera como factor estratégico en la lucha contra la pobreza y la exclusión social el desarrollo de modelos de trabajo interdisciplinares que apuesten por involucrar a la sociedad civil, tanto a las ONG, como al resto de agentes sociales, como a los propios ciudadanos y ciudadanas. Pero muy especialmente a las propias personas afectadas por procesos y situaciones de riesgo de exclusión.

Los últimos datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística en su Encuesta de Condiciones de vida del, cifraba para nuestra ciudad el 34,3% de personas en situación de riesgo de pobreza, nueve puntos por encima de la media nacional. Sin duda estos son unos datos muy preocupantes para una ciudad como la nuestra.

 A ningún melillense se le escapa que en algunos distritos los índices de pobreza se disparan como son el caso de los distritos IV y V y por ello se requieren recursos y medidas especiales, tanto paliativas como estructurales.

 Tanto las desigualdades como las situaciones de exclusión social en estos distritos son fruto de un proceso que se alarga en el tiempo.

 Con el paso de los años, la falta de un cuidado y mantenimiento eficaz, agravado por la problemática social existente, han deteriorado el paisaje urbano de los distritos IV y V que cuenta con problemáticas físicas, ambientales y sociales: en el espacio público hay una degradación del pavimento (calles, acerados, calzadas…), inseguridad, falta de iluminación, inexistencia de arbolado, de mobiliario urbano, carencia de actividad durante el día… obteniendo como resultado un paisaje urbano y una situación social en retroceso.

 La tendencia a la segmentación social favorecida por los procesos de pobreza y exclusión social de cientos de familias melillenses residentes en estos distritos, lleva a la pérdida de anclajes de identidad y a la pérdida de referentes de socialización, así como a fuertes actitudes de aislamiento. Todo esto hace difícil desarrollar procesos de implicación, de reconocimiento de lo comunitario y de socialización, además de contribuir a una progresiva desvertebración del tejido social melillense. Todo ello ayuda a que estas personas se encuentren en una situación de vulnerabilidad al encontrar grandes dificultades para progresar socialmente y desarrollarse como ciudadanos de pleno derecho.

Para conseguir una transformación de esos barrios, o al menos, la mejora de su situación actual mediante el proyecto que quiere llevar a cabo la Ciudad Autónoma de Melilla a través del cual se quiere asumir la regeneración física de los distritos junto a programas sociales, toma un carácter estratégico el desarrollo de un proceso participativo previo y el diseño de un conjunto de estrategias que involucren a los vecinos, tanto en la determinación de los usos que pueda albergar; su diseño y ejecución, así como en el mantenimiento y la dinamización de actividades que pueda plantearse una vez ejecutado.

Desde EAPN Melilla se considera esencial CONTAR CON LAS PERSONAS e implicarlas en un DIAGNÓSTICO SOCIAL que permita vislumbrar las necesidades sentidas por los ciudadanos de los Distritos IV y V.

Es prioritario no considerar a sus habitantes como objetos sino como SUJETOS ACTIVOS en el proceso que la administración local quiere poner en marcha.

Esto significa pasar de ser estudiado e intervenido (OBJETO) A ESTAR PARTICIPANDO (sujeto) en la acción y en la investigación necesaria para desarrollar un verdadero proyecto social entendiendo esto desde el punto de vista del CAMBIO SOCIAL, no de únicamente un cambio en la fisionomía del barrio, de la construcción de espacios o de la apertura de centros escolares por la tarde.

Esta dinámica, que es la que se ha desarrollado en numerosos puntos del resto del estado, supone un continuo trabajo de REFLEXIÓN Y ACCIÓN COLECTIVA para los vecinos y vecinas de estos Distritos.
La Ciudad Autónoma debe ser cercana y mostrar una actitud permeable a los procesos cívicos participativos, a la construcción comunitaria y a los valores que acompañan a estos procesos de cambio social tan importantes en los tiempos que corren y más en esos Distritos.

Ahora existe una oportunidad para apostar de manera decidida en la utilización de instrumentos metodológicos, tanto para analizar la realidad social de los distritos IV y V como para detectar sus necesidades y potencialidades, de manera que puedan establecerse instrumentos capaces de de articular e integrar a una parte de nuestra ciudad que ha quedado “descolgada” del ritmo de desarrollo local del resto.

La plena implicación en los procesos de transformación social de los propios sujetos afectados, necesita de la adopción de metodologías muy cercanas a la denominada Investigación Acción Participativa (IAP). Conocer para implicar, implicar para actuar, actuar para transformar y reflexionar la acción, es un itinerario recurrente que presenta la potencialidad permanente de incorporar a nuevos sujetos capaces de reconstruir redes, de activar procesos. Partir del conocimiento de la realidad de la base social afectada para incorporarla se expresa siempre en itinerarios del tipo: ver-juzgar-actuar…,acción-reflexión-acción…, aprender-explicar-implicar-aplicar…

Desde EAPN Melilla aportamos nuestro granito de arena en el trabajo de identificación y visibilización de los elementos coadyuvantes en el avance del proyecto que prepara la Ciudad Autónoma en la Jornada “Cañada y Reina Regente, un Espacio para las Oportunidades” llevadas a cabo el pasado mes de abril en el que quedó meridianamente clara la importancia de iniciar un proceso de participación social comunitaria.

Una de las muchas funciones que desempeña la administración local es la de potenciar, promover y fomentar el desarrollo de la capacidad de los ciudadanos para que estos puedan acometer de forma autónoma y democrática el diseño de la acción colectiva, la gestión de las actividades, espacios y ámbitos necesarios para dar solución a las demandas y necesidades de la sociedad. Sería también cometido de la administración local armonizar las diferentes iniciativas sociales, favoreciendo la compatibilidad de los diversos intereses colectivos, evitando los corporativismos o sectarismos y garantizando a la vez la participación y la transparencia de los proyectos, así como el uso de los recursos públicos gestionados por las propias organizaciones ciudadanas.

Abogamos, por lo tanto, por el principio de subsidiareidad, es decir, que todo aquello que pueda ser autodeterminado o autogestionado a un determinado nivel ciudadano (inferior o de escala más reducida) no debe determinarse o gestionarse en un nivel superior o de escala mayor. Dicho de otro modo, que la satisfacción de las necesidades y demandas debe resolverse en el nivel más próximo a los ciudadanos que sea posible.

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